El circo (Primera parte)

Una silueta de un hombre se ve a lo lejos, pero si nos acercamos más podremos ver que parece imposible que el dueño de esa silueta sea un hombre. Envejecido, decrépito, con una mirada lastimera, se queda mirando desesperadamente el camino detrás de él en busca de algo, aspirando profundamente tras el gran esfuerzo de haber logrado hacer llegar su cuerpo hasta donde ahora se encuentra. Observándolo detenidamente reconocemos en este hombre un rostro familiar, ese rostro de facciones duras que hace apenas unos meses era el de un joven de 26 años, uno mas de tantos que movido por la curiosidad, o quiza por la ambición, dejó lo poco que tenía para seguir a la gente del circo. Y no es para menos, ¡vaya espectáculo que dieron estas personas hace tan solo unos meses!

Un hombre con el rostro pintado de blanco y un traje de arlequín, coloreado como un tablero de ajedréz, saluda al público. Baja la cabeza para hacer una reverencia y se escucha el sonido de los cascabeles que adornan el extraño gorro que lleva puesto. Con una mirada desafiante levanta la cabeza ante el asombrado público que ve surgir en el escenario una inmensa jaula con tres furiosos leones. Tres hombres con trajes de verdugo comienzan a golpear con látigos a los leones a través de las rejas, desencadenando estrepitosos rugidos que intimidan al público más cercano al espectáculo. Mientras tanto, el hombre trepa sobre la jaula y es introducido desde el techo para acompañar a los leones. Rápidamente los verdugos se alejan y la jaula es cubierta con una gran sábana negra que estimula la imaginación de los asistentes al espectáculo. Una ola de sonidos golpea los oidos de los confundidos espectadores, es una extraña mezcla de gritos de un hombre, rugidos de leones, las trompetas, tubas y redobles de tambor de la banda del circo y cientos de voces de animales diversos tanto de los que el circo trae como de las mascotas cercanas, alborotados también por tan estruendoso espectáculo. De pronto, un breve silencio inunda la plaza y la sábana es retirada de la jaula. Los silbidos y aplausos no se dejan esperar. Dentro de la jaula, el hombre, ahora apropidamente ataviado con el atuendo de un mago, sentado en un cómodo aposento, es rodeado de las atenciones de tres hermosas edecanes que ahora saludan a la gente.

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Acerca de

Estudiante de la Facultad de Ciencias UNAM, desde hace unos años. Soñador y loco, enamorado...

Publicado en Minificciones

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